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19/3/14
28/11/13
Sueño de futuro.
Aún no podía creerme que me hubiera
perdido eso. Mientras subía de forma atropellada por las escaleras
sentía como el corazón quería salirse por mi boca. Podría haber
cogido el ascensor, pero estaba demasiado nerviosa para esperar. Los
pies me ardían de la fuerza de cada una de mis pisadas contra el
suelo. Recorrí el pasillo de la tercera planta casi de forma
desesperada, buscando sin acierto entre las puertas entreabiertas.
Sabía cual era la habitación que buscaba, pero mi cabeza
martilleaba con tanta fuerza que temía que me estuviera engañando.
Cuando llegué a la que la recepcionista me había indicado me quedé
allí, clavada, durante un largo rato. Escuchaba murmullos en el
interior, pero mi cuerpo se negaba a reaccionar. Respiré hondo y
alargué la mano, viendo como temblaba, hacia el picaporte. Lo
primero que vi fue a mi madre dedicándome una mirada reprobadora.
Intenté sonreír, pero estaba tan tensa que mis labios apenas
pudieron mostrar una mueca.
-Llegas tarde -sentenció, como si yo
no lo supiera.
Hizo un gesto hacia el interior de la
habitación, invitándome. Mi intención era contestarle, pero mi
garganta enmudeció al verla a ella. Su cara reflejaba un gran
cansancio, pero estaba radiante. Sus labios se curvaron en una suave
sonrisa cuando me vio.
-Llegas tarde -repitió, aunque de su
boca se me antojaba irresistiblemente dulce.
-Lo siento- atiné a contestar,
sentándome en el borde de la cama.
Acaricié con cariño su mejilla,
notando como cerraba los ojos para sentir mejor el roce . Me sentí
extrañamente bipolar en ese momento: estaba feliz de verla, de estar
por fin con ella y de que todo hubiera salido bien; también me
sentía horriblemente culpable por no haber estado a su lado. El
contacto de su mano sobre la mía me sacó de mis divagaciones.
-Tranquila -la escuché susurrar,
mientras apretaba mi mano. Y, como si pudiera leer mis pensamientos,
añadió:- lo importante es que has llegado.
Sin pensármelo dos veces me incliné
hacia ella, cubriendo sus labios con los míos en un tierno beso.
-Siento molestar -interrumpió una voz,
joven y suave. Tímida. Al mirar pude comprobar que se trataba de una
enfermera-. Pensé que querríais añadir algo más a esta bonita
imagen.
Salté de la cama como si sus palabras
activaran algún tipo de resorte, dejando espacio para entregarle lo
que tenía en brazos.
-Enhorabuena- murmuró, sonriendo de
forma inocente antes de marcharse.
Pero, a decir verdad, yo ya no la
escuchaba. Mi bebé, nuestro bebé, se removía balbueando y peleando
en los brazos de su madre. Me dolía el pecho, tanto que por un
momento pensé que era cierto eso que decían sobre que se podía
morir de felicidad.
-Mira, se parece a tí -escuché
bromear de lejos a ella, mientras el bebé jugueteaba con su dedo.
Sonreí de forma bobalicona, sentándome
a su lado. El tacto de su piel cuando acaricié aquella pequeña
manita me maravilló. Podía jurar que era la escena más bonita del
mundo; podía jurar que era el momento más feliz de mi vida. Y solo
era el comienzo. Era una familia, mi familia. Y haría lo necesario
para hacerla feliz a ella y, por supuesto , a la pequeña criatura
que se removía en su pecho.
31/8/13
Reina de la noche.
Hoy he visitado un sitio que tenía abandonado. El frío ha calado mis huesos y el viento arrastrado mi mente. No había luna, ni estrellas. Solo yo, y la noche.
He recordado muchas cosas que había enterrado en lo más profundo de mi mente. Solo para convencerme, solo para no hacerme daño. Y, sobretodo, me he dado cuenta de algo.
Es cierto que ella era mi faro, y me manteía alzada entre las luces más brillantes. Una vez apagado ya no hay luz para mí, no hay brillo. Pero recuerda, siempre, que yo soy una criatura de la noche. Que la oscuridad es mi camino y su senda mi hogar. Que yo enterré todo lo que era mío para alzarte, que ahogué mis habilidades en tu miedo para mantenerte a mi lado y, que una vez tocas suelo, ya no hay nada que temer. No hay salto demasiado grande, ni mounstruo demasiado terrible.
Recuerda siempre, pequeño faro, que yo soy la Reina de la Noche. Y no hay nada imposible para mí cuando las luces se van.
He recordado muchas cosas que había enterrado en lo más profundo de mi mente. Solo para convencerme, solo para no hacerme daño. Y, sobretodo, me he dado cuenta de algo.
Es cierto que ella era mi faro, y me manteía alzada entre las luces más brillantes. Una vez apagado ya no hay luz para mí, no hay brillo. Pero recuerda, siempre, que yo soy una criatura de la noche. Que la oscuridad es mi camino y su senda mi hogar. Que yo enterré todo lo que era mío para alzarte, que ahogué mis habilidades en tu miedo para mantenerte a mi lado y, que una vez tocas suelo, ya no hay nada que temer. No hay salto demasiado grande, ni mounstruo demasiado terrible.
Recuerda siempre, pequeño faro, que yo soy la Reina de la Noche. Y no hay nada imposible para mí cuando las luces se van.
14/7/13
Hold me
Había sido un día duro, después de todo. Entró en la casa casi arrastrando los pies, casi sin fijarse por donde andaba. Dejó las llaves y los papeles del trabajo sobre el mueble que había en el recibidor, demasiado cansada como para preocuparse por eso. Había salido un par de horas más tarde de lo que debería del trabajo y estaba algo espesa, por lo que tardó un largo rato en darse cuenta del silencio que reinaba en su piso. Todo estaba oscuro con las persianas medio bajadas, por lo que los últimos rayos de sol apenas conseguían iluminar las habitaciones.
-¿Ana? -preguntó al aire, como si esperara que este le contestara.
Quizás simplemente había salido, pensó. Era mucho de dejar las cosas para última hora, así que simplemente debía haberse olvidado de comprar algo o estaba por ahí haciendo alguna de las suyas. Se encogió de hombros, solo para intentar destensarse un poco el cuello, y caminó casi de forma autómata hacia su habitación. Se sorprendió mucho cuando en ella. No necesitaba encender la luz para reconocer aquel bulto que estaba hecho un ovillo en la cama.
-¿Ana? -volvió a preguntar, casi en un susurro. Se acercó con cautela, como si tratara con algún animal salvaje-. ¿Va todo bien?
Su compañera estaba abrazada a una de sus almohadas, con el rostro escondido. Parecía llevar allí horas, pero para nada lucía cómoda. Su cuerpo parecía en tensión, y se tensó más al escuchar su voz tan cerca. Ella simplemente suspiró y se sentó al borde de la cama, acariciando su cabeza de forma cariñosa. La escuchó hipar, como si intentara contener algún tipo de sollozo cuando notó sus manos sobre ella. Con infinita delicadeza le arrancó la almohada de las manos. Ella giró el rostro instantáneamente, con vergüenza. Eso provocó una oleada de ternura en la otra chica, que le acarició la mejilla con cariño.
-¿Me das un abrazo? -dijo Ana después de un largo rato de silencio, de forma algo ahogada.
No necesitaba respuesta, por lo que se recostó a su lado y le tendió sus brazos para que se acurrucara en ellos. Ana se agarró con fuerza a su chaleco, como si temiera que alguien se la llevara en algún momento, apretándose contra ella. Su pareja le besó la cabeza con ternura, enterrando sus dedos en su corto pelo y menciéndolo con delicadeza.
-No me sueltes – pidió Ana con tono implorante.
Ella soltó una risita queda, apretándola con mimo contra ella. Aquella chica, que siempre parecía tan segura de si misma, tan fuerte y tan inquebrantable... se le antojaba tremendamente frágil en ese momento.
-No te soltaría ni aunque lo pidieras -le susurró al oído apoyando su cabeza contra la suya.
Porque, después de tantas noches buscando refugio en sus brazos, se sentía bien ser ella la que la sostenía.
14/6/12
La calma tras la batalla
Aquella mañana aún había señales de
lucha. Era una calma absoluta, antinatural. El polvo levantado por la
refriega aún oscurecía el ambiente. Y aún ahí, en aquella tierra
manchada de sangre, mancillada por la humanidad, ella se sentía
bien. Su escudo y espada cayeron al suelo con un sonido sordo, pero
ella no lo escuchó. Solo podía notar el latido de su propio
corazón, frenético, golpeando su sien. Se quitó el casco, o lo que
quedaba de él, y lo arrojó lejos. Toda la tensión de su cuerpo
desbordó por sus ojos. No se avergonzó cuando notó el sabor salado
de sus lágrimas. Sus rodillas se clavaron en la tierra, incapaz de
sujetarla por más tiempo.
Estaba viva.
Herida, cansada, hambrienta... pero
viva. Más de lo que lo había estado nunca. Poco a poco empezó a
ser consciente de su alrededor. Escuchaba el tintineo de la cota de
las cotas de mallas, los pasos apresurados, los relinchos lejanos de
algún caballo, gritos de alegría y gemidos de agonía. A su
alrededor los cuerpos enemigos se mezclaban con los que fueron sus
compañeros. No reconoció a ninguno y no pudo hacer otra cosa que
alegrarse. Aún continuaba postrada, admirando la salida del sol,
cuando sintió una temblorosa mano en su hombro. Un anciano de mirada
cansada le dedicó una amable sonrisa. Su espesa barba blanca teñida
en sangre le llamó horriblemente la atención.
-¿Estás bien, hija?
Ella le esbozó la mejor de sus
sonrisas, colocando su mano sobre la de él. Volvió la mirada hacia
el sol, que casi había terminado de salir. Allí, en el cementerio
de los caídos, se sintió renacer.
11/6/12
31/5/12
¿cómo he llegado a esto?
Y te vas dando cuenta de que, poco a poco, las cosas que antes te hacían tanto daño ahora ni siquiera te importan.
Sonríes. Sonríes a ese espejo que te devuelve una imagen que ni siquiera reconoces.
Tú, en tu pompa de cristal. Esos muros de hielo que estás creando, con ladrillos de desilusión, para proteger tu agonizante corazón.
Es cuando te ves sonreír cuando piensas: '¿Cómo he llegado a esto?'
Que tu sonrisa nunca llega a tus ojos, igual que nadie ni nada puede traspasar el frío muro de tu corazón. Te sientes lejana, inocua. Y ya no te importa si te escuchan reír o llorar, porque realmente... tu cara jamás refleja como te sientes. Solo hace un papel, un guión. Es lo que quieres que piensen, lo que te interesa mostrar.
Van demasiadas veces que te has asomado tras las murallas, que has tirado el muro corriendo tras un '¿y si....?'
Corres, corres como si no hubiera mañana cada vez alguien parece acercarse a ti. Como un animal herido que se revuelve, que se esconde en una cueva oscura para lamerse las heridas. Con un 'ya no más' tatuado a fuego en tus ojos.
Es ahí donde piensas: '¿Cómo he llegado a esto?'
Sonríes. Sonríes a ese espejo que te devuelve una imagen que ni siquiera reconoces.
Tú, en tu pompa de cristal. Esos muros de hielo que estás creando, con ladrillos de desilusión, para proteger tu agonizante corazón.
Es cuando te ves sonreír cuando piensas: '¿Cómo he llegado a esto?'
Que tu sonrisa nunca llega a tus ojos, igual que nadie ni nada puede traspasar el frío muro de tu corazón. Te sientes lejana, inocua. Y ya no te importa si te escuchan reír o llorar, porque realmente... tu cara jamás refleja como te sientes. Solo hace un papel, un guión. Es lo que quieres que piensen, lo que te interesa mostrar.
Van demasiadas veces que te has asomado tras las murallas, que has tirado el muro corriendo tras un '¿y si....?'
Corres, corres como si no hubiera mañana cada vez alguien parece acercarse a ti. Como un animal herido que se revuelve, que se esconde en una cueva oscura para lamerse las heridas. Con un 'ya no más' tatuado a fuego en tus ojos.
Es ahí donde piensas: '¿Cómo he llegado a esto?'
14/5/12
Cigarros de duermevela
Es jodidamente bonita -pensé mientras la veía dormir.
A pesar de que me caía de sueño y no tenía nada más que hacer para mantenerme despierta, ahí seguía. ¿Cómo podía haberla echado de menos? Nunca se lo dije... y, aún en la oscuridad del cuarto, ahí seguía, viéndola en la cama. Solo para hacer tiempo me entretuve en liarme otro cigarro. He de decir que soy un completo desastre en eso, ¿pero qué importa? Mientras dure encendido, podré ver su cara en la penumbra. Su respiración, acompasada, llena mi habitación. Le da vida. Me pregunto que haré cuando se vuelva a ir. Esperar que vuelva, supongo. No puedo hacer otra cosa que eso, esperarla. Y disfrutar el tiempo que pase conmigo.
¿Estará soñando algo bonito?-pensé al escucharla removerse en la cama.
Realmente eso espero. Llevo un rato pensando en acompañarla, pero me da miedo despertarla. Al fin y al cabo, cuando duerme es cuando más parece mi pequeña princesa.
A pesar de que me caía de sueño y no tenía nada más que hacer para mantenerme despierta, ahí seguía. ¿Cómo podía haberla echado de menos? Nunca se lo dije... y, aún en la oscuridad del cuarto, ahí seguía, viéndola en la cama. Solo para hacer tiempo me entretuve en liarme otro cigarro. He de decir que soy un completo desastre en eso, ¿pero qué importa? Mientras dure encendido, podré ver su cara en la penumbra. Su respiración, acompasada, llena mi habitación. Le da vida. Me pregunto que haré cuando se vuelva a ir. Esperar que vuelva, supongo. No puedo hacer otra cosa que eso, esperarla. Y disfrutar el tiempo que pase conmigo.
¿Estará soñando algo bonito?-pensé al escucharla removerse en la cama.
Realmente eso espero. Llevo un rato pensando en acompañarla, pero me da miedo despertarla. Al fin y al cabo, cuando duerme es cuando más parece mi pequeña princesa.
9/5/12
Echo de menos esas conversacions hasta deshoras. Que me dijeras que me querias sin ninguna razon especial, solo por notar mi sonrisa.
Cada palabra que no te digo se atraviesa en mi garganta. Y quema, vaya si quema.
Cuando nos paso esto? Cuando 'te amo' cambio a 'te quiero'? Y los 'te quiero' se convirtieron en silencio? Pense que te era mas necesaria. Que lucharias por mi, por nosotras.
Dejame bailar a tu son, hasta que se me terminen de romper las cuerdas. Hasta que pase de marioneta a muñeca rota.
8/4/12
Guau
'Eres como un cachorrito apaleado, que bailas a mi son. No importa cuantas veces te pegue, tu vuelves meneando la cola e implorando alguna muestra de cariño.
Das pena.
A veces pienso que no tienes sangre en las venas. Por más que te pincho, no sangras. Y si lo haces solo te lames la herida y miras hacia otro lado. ¿Cicatriza bien mezclado con las lágrimas?'
Es por eso que siempre seré su juguete favorito.
Das pena.
A veces pienso que no tienes sangre en las venas. Por más que te pincho, no sangras. Y si lo haces solo te lames la herida y miras hacia otro lado. ¿Cicatriza bien mezclado con las lágrimas?'
Es por eso que siempre seré su juguete favorito.
1/4/12
13/3/12
10/3/12
Recuerdo...
Recuerdo el whisky atravesando mi garganta. Quemándola, como abrasan las palabras entrecruzadas.
Pero habla, no está prohibido.
Yo lo sé y tú te estás dando cuenta. Quiero aún más, y eso es muy jodido.
Si ves que sana la herida, golpéala. Que jamás cicatrice, que arroje sangre fresca. Su dolor y recuerdo vive en la raíz del llanto.
Si se arranca a volar, gritale a voces su culpa: ¡que recuerde!
Si sus palabras crecen como flores nuevamente arrójale pullas de barro. Talad, talad. Que no despegue el oído de su oprimida música.
Si tiene el corazón de viento llénaselo de piedras, húndele la rodilla sobre el pecho. Que reviva la falta de oxígeno en sus pulmones.
Y, así, que recuerde. Que recuerde aquella noche a la que nunca quise poner fin.
Ps. Este escrito estaba entre borradores. Es de principios de Diciembre y no recuerdo haberlo escrito... pero me gusta.
Pero habla, no está prohibido.
Yo lo sé y tú te estás dando cuenta. Quiero aún más, y eso es muy jodido.
Si ves que sana la herida, golpéala. Que jamás cicatrice, que arroje sangre fresca. Su dolor y recuerdo vive en la raíz del llanto.
Si se arranca a volar, gritale a voces su culpa: ¡que recuerde!
Si sus palabras crecen como flores nuevamente arrójale pullas de barro. Talad, talad. Que no despegue el oído de su oprimida música.
Si tiene el corazón de viento llénaselo de piedras, húndele la rodilla sobre el pecho. Que reviva la falta de oxígeno en sus pulmones.
Y, así, que recuerde. Que recuerde aquella noche a la que nunca quise poner fin.
Ps. Este escrito estaba entre borradores. Es de principios de Diciembre y no recuerdo haberlo escrito... pero me gusta.
21/2/12
So sweet.

Había soñado tantas noches con ese momento que no terminaba de creerme que la tuviera delante. Mis manos palparon nerviosamente su cara, temblando. Su sonrisa era aún más bonita de lo que jamás pudiera haberme imaginado. Ya lo intuía, me lo repetía mil veces en mi caricia, pero fue cuando la abracé, cuando la tuve por fin en mis brazos cuando realmente pensé 'solo por esto, ha valido la pena'.
22/12/11
Lujuria
Lo nuestro era una relación puramente sexual. No había ternura, ni dulces palabras. Ningún sentimiento nos inundaba, excepto la lujuria.
Quemaba nuestras pieles como si fuera un hierro hirviendo, consumiéndonos. A veces sentía como si el corazón fuera a estallarme de deseo. Pero nunca lo hacía. Latía frenético en busca de más. Más de sus labios, de sus manos, más de su piel. Era un veneno que se iba introduciendo cada vez un poco más dentro de nosotras, en cada pliegue, en cada poro. Nos devoraba y hacia nuestros enceuntros cada vez mas frecuentes y salvajes. Nos convertimos en una droga. Cada vez que su cuerpo desnudo abandonaba mi cama contaba cada segundo , cada milésima que faltaba para poder volverla a tocar. Era imposible saciar mi ansia. Ni saciar la suya.
A veces pienso si realmente no nos estamos comiendo la una a la otra, pero pronto descubro que no me importa. Siempre y cuando sus labios vuelvan a tocar mi piel.
Quemaba nuestras pieles como si fuera un hierro hirviendo, consumiéndonos. A veces sentía como si el corazón fuera a estallarme de deseo. Pero nunca lo hacía. Latía frenético en busca de más. Más de sus labios, de sus manos, más de su piel. Era un veneno que se iba introduciendo cada vez un poco más dentro de nosotras, en cada pliegue, en cada poro. Nos devoraba y hacia nuestros enceuntros cada vez mas frecuentes y salvajes. Nos convertimos en una droga. Cada vez que su cuerpo desnudo abandonaba mi cama contaba cada segundo , cada milésima que faltaba para poder volverla a tocar. Era imposible saciar mi ansia. Ni saciar la suya.
A veces pienso si realmente no nos estamos comiendo la una a la otra, pero pronto descubro que no me importa. Siempre y cuando sus labios vuelvan a tocar mi piel.
6/11/11
El lobo de Caperucita.
Hoy he vuelto a encontrarla.
Al principio, la mera idea me ponía nerviosa. Como cuando dejas algo sin acabar y te acaba torturando la conciencia. Pero todos los nervios desaparecieron en cuanto la vi. Su mirada, siempre tan desafiante, ahora era cauta y recelosa. Como si esperara que yo le atacara en algún momento. Por primera vez, me di realmente cuenta de cuanto poder tengo sobre ella. Me pasé gran parte de la noche ignorando su presencia, tarea difícil cuando alguien te mira tanto. Pensándolo en frío suena muy mezquino. Es como negar un vaso de agua a un sediento. Pero tantos años me han enseñado a que ella, precisamente ella, también sabe jugar a este juego. Lo que empezó con medias palabras acabó con comentarios ingeniosos o atrevidos de su parte. Yo lo toreaba de manera ida, porque realmente no me impresionaba. En cierto momento de la noche nuestras miradas se cruzaron. Ella intentó mantenerla, pero yo no iba a darle esa satisfacción. De forma remolona le dediqué una media sonrisa apartando mis ojos, sabiendo que eso la frustraba. Debía sentirse muy confusa.
No fue hasta bien entrada la noche que se atrevió a hablarme directamente. Me paró, a solas, cuando yo iba camino al baño. Me apunté mentalmente regañar a mis amigos por haberla mandado como si yo fuera una Caperucita que necesitara un Lobo. Pero esta vez no.
-¿Qué te ocurre? - preguntó.
Mi mirada, fulminante, se posó sobre la mano que mantenía en mi hombro. Ella entendió el gesto, porque me soltó. La conversación siguió ese esquema durante unas cuantas frases más en los que yo fingía inocencia.
-Venga ya, dime que pasa -dijo, al borde de la exasperación.
No podía negar que me conocía, pero yo también a ella. Le dediqué una sonrisa dejada, burlona, y me di la vuelta solo para disfrutar de hacerle ese desplante. Tardó en reaccionar, pero me siguió corriendo cual corderito al baño. Un par de chicas solían entre risas saludándome con la cabeza. Me disponía a cerrar tras de mí cuando noté que algo se interponía en la cerradura. Me giré, recibiendo una visión nada habitual. He de reconocer, aunque nunca lo diré en voz alta, que esa expresión de agitación y esa respiración acelerada me parecieron tremendamente sexy.
-Ana – gimió con un tono especialmente desesperado.
Me lo pensé un par de segundos, que a ella le parecieron, seguramente, horas.
-¿De verdad quieres saberlo? -pregunté pronunciando despacio.
Ella asintió. Le vi tragar, concentrándose como si le fueran a dar la noticia más importante de su vida. Sin que se lo esperara abrí la puerta, le agarré del cuello de la camisa y tiré de ella para hacerla entrar. Cerré la puerta y la estampé con violencia contra ella. Mi sonrisa era casi malévola, su cara supuraba sorpresa.
-Estoy cansado de ser una muñeca que todos manejáis según os os antoja -susurré con un tono juguetón.
Le acaricié el rostro, bajando por su cuello. Sabía que sentía como si mis dedos fueran un hierro candente que paseara por su piel. Por primera vez, la loba estaba acorralada e indefensa. A la merced de Caperucita. Casi pude notar como su saliva luchaba por bajar por su garganta cuando le acerqué mis labios, para que sintiera mi respiración.
-¿Crees que debería haberme enfadado? ¿Estás arrepentida? - con grandes dudas negó, como si esperara que eso desencadenara alguna extraña reacción en mí. Yo solo esbocé una media sonrisa-. Fue divertido pero no te confundas. Pasó, no voy a casarme contigo.
Besé con delicadeza su cuello, apartándome. Ella respiró aliviada al no sentir el peso de mi cuerpo bloqueándola.
-Eso quiere decir que... ¿no estás enfadada? -negué, manteniendo mi rostro todo lo inexpresivo que podía dada la situación. Ella se tocó el cuello como si tuviera algún tipo de soga oprimiéndole- yo creía qué...
-Tú querías y a mi no me importaba. Somos adultas para entender eso.
La vi abrir y cerrar la boca varias veces sin que consiguiera articular palabra. Parecía que su cerebro fuera a estallar de un momento a otro por procesar tanta información.
-Eso quiere decir que fue...
-Sí – la volví a cortar con impaciencia. Tras una pequeña y dramática pausa añadí:- Y eso no quiere decir que no se repita.
Por primera vez en toda la noche reconocí a la persona que tenía delante. Curiosidad, deseo; el atrevimiento con el que siempre solía observarme había vuelto a sus ojos. Como si mis palabras le dieran carta blanca sobre mi cuerpo me agarró por la cintura dispuesta a besarme.
-Un momento– me aparé la distancia justa para poder mirarla a la cara-. No soy tu novia, no te debo nada. No me debes nada. Esto solo pasará si me apetece. Mientras, será como si nunca hubiera ocurrido.
Por un momento dudé de si iba a aceptar. No sé muy bien si a mi orgullo le importaba que aceptara o simplemente me lo tomaría con humor. Pero ella llevaba demasiado tiempo esperando ese tipo de favor de mi parte como para negarse ahora que se lo ponía en bandeja.
-Y ahora... -dijo tras aceptar, como si me pidiera permiso.
-Sí, ahora me apetece.
Y, aunque no era del todo cierto, la dejé hacer. Solo para sentir su lujuria sobre mi piel. Solo para demostrarme a mi misma que mis días de Caperucita habían terminado. Ahora, yo era la loba.
30/10/11
Poissoned Love

Ahoga mis inquietudes en la oscuridad. Quimera de miedo, el tiempo está anclado. Quiero vivir el presente de hoy, no el mañana de mi ayer. Si me inundan las dudas, zozobro en mi ineptitud. Es una copa rebosante, cargada de ese veneno que bebo como si fuera licor suave. Embriagada de tu olor, que falta en el aire. Me marea la ausencia de mi propia cordura.
Sus labios son tan dulces como siempre y, sin embargo, nada hace desaparecer ese regusto a hiel.
Devora mis sentidos. Haz de mi tu marioneta, tu muñeca.
Como si no hubiera mañana, como si solo estuvieramos nosotras.
25/10/11
Tonight
Y toma mi cuerpo, si es lo que realmente quieres. Quema mi piel con tus dedos, envenena mis labios. Ahoga en cada pliegue de mi conciencia tus deseos.
Nómbrame, tómame, úsame. Como si no fuera solo un juguete.
Hazme creer que me necesitas, yo te seguiré hasta el infierno.
Ven, bésame. Entierra mis dudas bajo tus caricias.
Y yo seré tuya.
15/9/11
Fuego
Y sé que tiene fuego. Lava que se arremolina con violencia en sus venas. Cada vez más destructiva. Es como aquella voz que los locos escuchan antes de cada fechocría. La devora. Ahoga cada gesto de humanidad que quiere brotar de su ser.
Se entierra en su memoria creando una cruenta tortura en aquellos recuerdos que intenta mantener bajo llave.
Para no dañarse, para no rajar su coraza. Y sabe que no importa cuan lejos corra; ellos siempre vuelven. Aún despierta muchas noches con el amargo sabor de las lágrimas mezclándose en su boca.
Y entonces, cuando su corazón aulla desbocado, es cuando más siente su propio fuego.
Se entierra en su memoria creando una cruenta tortura en aquellos recuerdos que intenta mantener bajo llave.
Para no dañarse, para no rajar su coraza. Y sabe que no importa cuan lejos corra; ellos siempre vuelven. Aún despierta muchas noches con el amargo sabor de las lágrimas mezclándose en su boca.
Y entonces, cuando su corazón aulla desbocado, es cuando más siente su propio fuego.
8/8/11
Ya no
No es que no te eche de menos, es que me puede el orgullo. Las ganas de verte se han hecho tan grandes que ya ni siquiera las noto, pues no son tangibles. He dejado de esperar que llamaras porque, obviamente, no vas a hacerlo.
No es que llore por tí, es porque me siento sola. Porque a pesar de estar rodeada de gentees como si el mundo estuviera vacío. Es como acostumbrarse a ver a traves de una pequeña ventana encerrada en una habitación cuando se está acostumbrada a correr por el campo libremente.
No es que haya dejado de ser intensa, es que cada intento se deshace en mis manos. Como si fuera barro, como si fuera tan delicado como un castillo de arena en la playa.
Y ha llegado a un punto en el que ni siquiera me importa. En el que tengo que hacer como si no me importara. En el que ni siquiera me interesa, en el que tiene que no interesarme.
No es que espere que leas esto, pues se que no estás. Ya no.
No es que llore por tí, es porque me siento sola. Porque a pesar de estar rodeada de gentees como si el mundo estuviera vacío. Es como acostumbrarse a ver a traves de una pequeña ventana encerrada en una habitación cuando se está acostumbrada a correr por el campo libremente.
No es que haya dejado de ser intensa, es que cada intento se deshace en mis manos. Como si fuera barro, como si fuera tan delicado como un castillo de arena en la playa.
Y ha llegado a un punto en el que ni siquiera me importa. En el que tengo que hacer como si no me importara. En el que ni siquiera me interesa, en el que tiene que no interesarme.
No es que espere que leas esto, pues se que no estás. Ya no.
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