Por primera vez en mucho tiempo he caminado por ella, a solas conmigo misma. Mi móvil se había apagado y la única melodía que me acompañaba eran los sonidos furtivos que se entremezclaban con el silencio. Me permití escucharme, centrar toda mi atención en mi . Sentí con renovado vigor el cansancio de mis piernas, de mi cuerpo. El vacío de mi mente. Pero no me resultó incómodo, como tantas otras veces. No estaba ni agobiada, ni nerviosa. Mis pensamientos estaban en paz y armonía, como la alertagada ciudad, y fluían de forma perezosa en un torrente de ideas descuidadas. Mientras paseaba por aquellas calles que siempre había conocido atestadas de gente comprendí que no albergaba ningún mal sentimiento, ningún malestar. Estaba bien conmigo misma por primera vez en demasiado tiempo.
Incluso ahora, camino a casa en mi frecuentado autobús, lo único que noto es el arrullo del motor a mi alrededor. Las conversaciones ajenas parecen sin sentido a mis oídos.
Hoy, ahora mismo, la ciudad despierta. Y, como ella, yo renazco cada mañana con el alba. Llena de oportunidades y de energía. De posibilidades. Porque como dice el refrán: 'Por muy oscura que sea la noche, el alba siempre llega'.



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