Hasta que no estuve en la calle no me dí cuenta de lo rabioso y quemado que estaba. 'Es una completa zorra', pensé. Y después de todo, siempre lo he sabido, desde el principio. Pero no era verdad: no lo sabía. Me halagaba la idea, ¿por qué no confesarlo?, de que me tenía afecto. Bien, me había equivocado, por lo visto, y no tenía por qué echarle la culpa a ella. Y le echaba la culpa, no obstante. Estaba furioso. En aquel momento me hubiera gustado verl adar de latigazos. La verdad estaba tan trastornado que acabé por preguntarme si, a mi manera, no habría estado enamorado de ella durante todo aquel tiempo.~Adiós Berlín
13/10/11
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Dame fuerzas, Libertad, para hacer uso de tí con moderación y esmero. Dame ánimos, Verdad, para abanderarte hasta en tu último proyecto.